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Christian Chirinos/Justicia Obrera:
CÓNCLAVE EN VENEZUELA.
Los ojos del mundo entero han estado por días en el
Vaticano, y todos hemos visto el proceso para elegir al nuevo Papa.
Atónitos, hemos revisado los números de la Iglesia Católica, que arrojan
1.050 millones de católicos bautizados; es decir, el 17,3% de la
población mundial.
La Iglesia, según su último anuario, cuenta con 4.092.725 personas
consagradas a tiempo completo a la evangelización. Durante los últimos
25 años la Iglesia y su líder hoy fallecido Juan Pablo II, han
enfrentado desde la Guerra Fría, hasta la caída del muro de Berlín,
pasando por la liberación de Polonia. Además, constantemente han estado
imponiéndose retos como el acercamiento de la Iglesia con los jóvenes
del mundo.
Sin embargo, a menos de tres semanas luego de la
desaparición física de Juan Pablo II, 115 Cardenales se han puesto de
acuerdo y le han dado al Vaticano un nuevo soberano. No soy Sacerdote,
mi dedicación a los altares y a la religión es menor que la empeñada en
el estudio, organización y dirección de un movimiento obrero que se
propone renovar la dirigencia sindical venezolana.
En Venezuela existen aproximadamente 12 millones de
venezolanos en edad de trabajar que forman parte de la población
económicamente activa, 20% de ellos están desempleados y 54% en la
economía informal. Sólo el 26% está empleado en el mercado formal, y
pero aun, el salario de la mitad de los empleados no cubre ni siquiera
la canasta alimentaria, no existe seguridad social y la discriminación y
exclusión por razones de sexo, edad e ideología política, están a la
orden del día. Esto se traduce en 80% de venezolanos en situación de
pobreza y con un Gobierno millonario y populista.
Frente a esta realidad, en la contabilidad de la
Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV), existen afiliadas
menos de 80 federaciones nacionales y regionales, y poco más de 1.200
sindicatos de base afiliados a ellas, de donde sólo se contabilizan no
más de 1 millón de trabajadores afiliados. Sin presidente y con un
comité ejecutivo cansado, poco ocurrente y temeroso de un proceso
abierto de renovación inmediata que permita enfrentar con una clara
visión de acción una realidad evidentemente crítica y mordaz, incapaz
además de ponerse de acuerdo con todas las tendencias sindicales a fin
de llevar a cabo un proceso electoral, libre, transparente, legítimo y
representativo.
Quienes militamos en los movimientos de trabajadores hemos
insistido en no impulsar el paralelismo y menos unirnos a una central
dirigida por el Gobierno de turno, hemos advertido sobre la necesidad de
una renovación de la CTV, que nos permita enfrentar los nuevos retos
que impone la tan agobiante dinámica. Algunos no entienden que para
enfrentar a quienes no son demócratas se requiere algo más que
discursos y ruedas de prensa, y que para conquistar a la masa obrera
venezolana más que dedicarse a la resolución de intereses personales, es
necesario la atención e identificación con los trabajadores. Una nueva
generación no se traduce en el cambio de dirigentes de 80 años por otros
de 15, sino en el cambio de paradigmas y visiones.
Los trabajadores estamos aquí, los retos a la orden del
día, pero se sigue imponiendo el famoso lema sindical de los años 80:
“Es más fácil elegir a un Papa que al Presidente de la CTV”.
Chistian
Chirinos
christian-chirinos@primerojusticia.org.ve
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